Rebelliones campesina y obreras
Una vez establecidas las reformas liberales, el país continuó con el problema de la propiedad de la tierra; para ello el gobierno puso a la venta las tierras comunales y de la Iglesia
las ofrecían a quienes tuvieran los recursos para adquirirlas.
Algunos empresarios y hacendados compraron grandes extensiones de tierra y formaron latifundios.
lograron aumentar la producción agropecuaria
afectaron a otros sectores de la población como a las comunidades indígenas y campesinas y a pequeños rancheros, quienes perdieron sus propiedades y no pudieron competir con los grandes hacendados
Esta situación provocó el descontento de gran parte de la población rural mexicana, dando pie a levantamientos campesinos en los estados de Veracruz, Hidalgo, Valle de México, Chihuahua, San Luis Potosí, Nayarit, Sonora, Guerrero, Oaxaca, Chiapas y Yucatán, los cuales fueron reprimidos con violencia
Unos cuantos mexicanos y extranjeros eran los dueños de la tierra y las fábricas
la mayoría de la población no poseía una parcela para sembrar, ni podía trabajar de forma independiente por la falta de recursos
Tanto en el campo como en las fábricas, la jornada de los obreros y peones era de 12 a 15 horas diarias y recibían un salario que no alcanzaba para cubrir sus necesidades básicas
Tiendas de raya
vendían a costos muy altos los alimentos básicos; esta forma de pago los obligaba a solicitar préstamos por adelantado, que muchas veces los endeudaban de por vida; en las haciendas frecuentemente eran maltratados con golpes y castigos
Los obreros se organizaron en sindicatos y asociaciones para defender sus derechos
Utilizaron la huelga como un recurso para exigir mejores condiciones de trabajo. Pero estos movimientos fueron reprimidos por el gobierno porfirista
Entre las huelgas más importantes destacaron la de los mineros de Cananea, Sonora, en 1906, y la de la fábrica textil de Río Blanco, Veracruz, en 1907.